Feliz Navidad 2016!

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miércoles, 9 de agosto de 2017

ESTE JUEVES... RELOJ QUE MARCAS LAS HORAS

Otra vez Charo nos invita a sumarnos a su propuesta juevera. El tema es el Reloj y el control tiránico que ejerce sobre nosotros. Para leer todos los relatos participantes, pasar por su blog
Nota:
como verán he cambiado el color predominante de la fuente en mi entrada, espero ese cambio les facilite la lectura.




RELOJ QUE MARCAS LAS HORAS

Las dos y cuarto. A la certeza del inminente e inevitable desenlace, agregarle el castigo extra de tener que contemplar, sí o sí – no hay ubicación posible dentro de este cubículo que me lo impida- la cruenta manecilla del reloj contando segundo a segundo el escaso tiempo que me queda antes del infausto final. Me esfuerzo por dejar de observar su marcha imperturbable, pero no lo consigo.

La mente retorcida que ideó semejante tortura cronometrada ha demostrado ser sumamente perversa, al haberlo centrado justo frente al recinto que ocupamos los condenados mientras aguardamos la ejecución de nuestra sentencia.

Para quien no esté en nuestra situación, quizás ese ingenuo tictac pase totalmente desapercibido, pero, conforme avanza su impiadoso giro, los leves sonidos de su crujir interior se van transformando en tenebrosos latidos que exacerban mi propio corazón hacia el estallido.

Sin dudas su presencia es parte esencial de este ritual de tortura. En mi caso, cuando señale las tres de la tarde –¡apenas quedan minutos ya!- el inescrupuloso instrumento habrá concluido su misión de disolver mi mente al punto de hacerla papilla, consiguiendo que no haya podido centrar mi atención en otra cosa más que en su despiadada tiranía.

Los dos o tres conceptos decentes que pretendía mantener con dignidad en este momento aciago se han diluido. La omnipresencia del reloj ha ganado la batalla y mi propio miedo ha pulverizado la poca claridad de pensamiento que me quedaba. Un incontrolable sudor me empapa. No hay nada que pueda ya posponer lo inevitable.

Son las tres en punto. Ha llegado la hora. Mi garganta está tan seca que no siento rastro de saliva. Un frio intenso recorre mi espalda a medida que siento que no circula sangre por mis venas. Así y todo, consigo levantarme de mi asiento intentando conservar la verticalidad. Al menos aspiro a evitar la humillación de tener que ser asistido en este último trance.

Me dirijo como puedo hacia el frente. No soy muy consciente de lo que sucede a mi alrededor en este momento. Extiendo, vencido y sin convicción mi mano…con la hoja en blanco de mi examen hacia el profesor quien, con sorna y mirada de feliz verdugo la recibe con gesto indisimulado de desprecio, pareciéndome decir “je! No esperaba mucho más de su parte”.

jueves, 3 de agosto de 2017

ESTE JUEVES, CARTA A MÍ MISMO

Sí, sé que me pasé largamente en la cantidad de palabras, pero creo que cuando las musas se despiertan, no conviene cortarles las alas. Sepan disculpar. 
Para leer todos los relatos jueveros, pasar por el blog de Encarni





NO DEJES DE LEERLA

¡No abras la puerta roja que aparecerá a la mitad de tu sueño esta noche! ¡Por favor no lo hagas! ¡Hazme caso, aunque no comprendas bien el significado real de mi advertencia!

Recurro a escribir esta carta dirigida a mí mismo (o sea, tú, que -espero- estás leyendo) como último recurso después de muchos vanos intentos de alterar este inexplicable círculo vicioso en el que -sin quererlo- me he metido y del que no consigo, pese a mi desesperación, lograr salir.

Te explico un poco más. Si no sigues mis instrucciones, este día que está por comenzar se desarrollará más o menos igual que cualquier otro día de tu rutinaria vida: ducha, desayuno, oficina, almuerzo ligero, otra vez oficina y vuelta a casa. Entrarás en el negocio de al lado y comprarás algo dulce como para alivianar la soledad que te espera en tu casa. Harás zapping frente al televisor más o menos una hora, como todas las noches mientras esperas que el hambre te impulse a preparar algo rápido con lo que encuentres en la heladera. Leerás un rato hasta que te llegue el sueño. Acomodarás suavemente la cabeza en tu almohada… ¡y allí recomenzará todo otra vez, irremediablemente!

Verás, el sueño siempre comienza igual: un páramo ceniciento en un mundo indefinido sin sol, sin ninguna señal de vida más allá de tu conciencia que parece agudizarse fuera de toda lógica en aquellos instantes preliminares en los que vislumbras, de repente, algo rojo en medio de aquel gris blanquecino que te envuelve y contiene. Es una puerta. Roja, algo más grande de lo que suelen ser las puertas en el mundo real. Sostenida por sí misma en medio de la nada sin que haya un muro que la contenga. Te acercarás a ella atraído por su porte y la intensidad de su color en medio de aquella indefinición que te rodea.

Curioso y sorprendido darás vueltas alrededor de aquella imposible visión comprobando que nada hay detrás de ella y nada diferencia los lados de su única hoja. Buscarás detalles que te den alguna pista sobre su origen o sobre su función en aquel universo onírico en el que te encuentras. Nada hallarás escrito sobre ella. Ningún cartel, ninguna marca, ningún aviso. Centrarás tu atención entonces en las perillas doradas que se destacan a ambos lados de la puerta, por sobre la cerradura por las que ya has espiado infructuosamente. Supones que la puerta está cerrada con llave y eso aumenta tu intriga. De repente, allí al costado, sin que la hayas visto antes, te encuentras con la llave, también dorada, también suspendida en la nada, como la enigmática puerta. ¡No la tomes! ¡No te dejes vencer por la tentación de meterla en el hueco de la cerradura porque una vez que lo hagas no tendrás vuelta atrás! Atravesarás en forma irremediable la puerta de un infierno imposible de describir en sus flagelos y castigos, sucediéndose uno tras otro a medida que irás cayendo en un loop sin fin por un lapso que no serás capaz de medir.

No voy a detenerme hablando de los horrores que allí encontrarás porque no hay palabras capaces de describirlos. Sólo diré que nada de lo que puedas imaginar logra acercarse a lo que son en realidad. Tampoco puedo enumerarlos. Creerás que son infinitos, que nunca acabarán. Desearás desesperamente que llegue el final, que todo culmine aunque eso implique tu muerte. Y cuando menos lo esperas, caes súbitamente en la realidad, para reiniciar otra vez, apenas precedido por unos instantes de lúcido recuerdo, el más rutinario de tus días. Pensarás, con el paso de los minutos, que todo fue una pesadilla y que por suerte jamás volverás a experimentar algo tan espantoso. No es así, porque al final del día, cuando ya lo has olvidado todo y te abandonas al placer reparador del descanso nocturno, vuelves a reencontrarte con esa inquietante puerta roja que te atrae otra vez hacia ese laberinto interminable en el que nada puedes hacer más que dejarte arrastrar. Es allí que tomas conciencia de que eso ya lo viviste, una y otra vez, repetido hasta el infinito.

Por eso hoy, como alternativa al recurso extremo de quitarme la vida, sabiendo que nuevamente con el sueño recomenzará ese espantoso periplo de locura, he decidido -mientras conservo aún el recuerdo vívido de lo padecido- escribirme esta carta de advertencia y dejarla justo sobre mi cama para leerla antes de sucumbir bajo la telaraña espesa de ese submundo onírico que tanto me viene torturando. Junto a esta carta, escribo también una lista. Una lista que llevaré conmigo como guía para lo que debe ser una muy diferente jornada, buscando recordar lo que me espera si no altero los sucesos que me han atrapado en este loop infernal de perpetuas reiteraciones.

Quebraré entonces –intencionalmente- mi consabida rutina: esta vez tomaré un largo baño de inmersión, desayunaré luego y sin apuros junto al río disfrutando de ver pasar a la gente. Avisaré a la oficina que llegaré tarde, daré una excusa verosímil para no levantar sospechas. Recorreré, ávido, los lugares de la ciudad que aún no conozco. Almorzaré con amigos, sorprendiéndolos incluso con algún regalo. Disfrutaré la tarde de sol escuchando música en el parque. Daré una vuelta al final de la tarde por la oficina, aunque esquivando todo lo previsible. Luego iré al cine, o al teatro, caminaré más tarde sin que importe mucho el rumbo. No repararé en gastos y cenaré sin prejuicios en ese lindo restaurante que han abierto sobre la avenida. Paladearé el postre como niño goloso. Volveré caminando a casa abierto a nuevas experiencias.

Alteraré lo más posible lo que una y otra vez vengo repitiendo desde que caí en esta trampa inexplicable. No tengo, por supuesto, la certeza de que funcionará mi estrategia, pero es la única manera que se me ocurre para intentar vencer este nudo del destino. Quizás el universo haya recurrido a este intríngulis nefasto para darme un fuerte sacudón y sacarme de ese pozo anodino en el que fui convirtiendo mi propia vida.

jueves, 27 de julio de 2017

ESTE JUEVES, UN RELATO: OLVIDAR

Esta semana María José nos propone escribir sobre el acto de olvidar. Por falta de inspiración fresca, recurro a un texto ya publicado.  En él, aludo a ese olvido elegido, buscado por necesidad y escape, cuando se ansía empezar de nuevo.
Para leer a todos los participantes, pasar por su blog.




EL OLVIDO

El día que decidió marcharse quiso hacerlo llevándose solo lo esencial, nada pesado atado a la promesa de su nuevo futuro ni nada superfluo aferrando su conciencia al pasado. Sólo dos o tres íntimas convicciones sobreviviendo luego de décadas de postergaciones. Nada más ni nada menos.

No quiso conservar cartas, ni fotos añejas, ni consejos, ni responsabilidades, ni cuentas pendientes, ni contadas alegrías. Nada de desgastadas evocaciones guardadas entre lazos primorosos junto a tres expectativas jamás cumplidas. Desterró sin dudar su antigua ropa, sus últimos versos, sus amados libros. No le pesaron las pérdidas. No las concibió como derrota.

Y es que al fin, de lo que alguna vez creyó tener, nada valía la pena. Solo su humanidad. Su poca fe. Su sincera intención de ser mejor. Más mujer. Menos indigna.

Se distanció para siempre de lo que fue. Borró su fragilidad. Su candidez. Su resignación y su martirio. Partió al amanecer tiritando más por ansiedad que por frío. Sin mirar para atrás, sin reconsiderar en ningún momento su trascendental e intencional olvido.

jueves, 20 de julio de 2017

ESTE JUEVES UN RELATO: YO Y MIS MIEDOS

Esta semana Pepe nos propone escribir sobre el miedo y la forma en que nos condiciona. Si bien no estoy demasiado conforme con el texto que aporto, no quise dejar de sumarme a la convocatoria juevera. Me permití obviar la primera persona en la redacción. No quise que se interpretara que se trata de algo autobiográfico.

Para leer todos los textos jueveros, pasar por el blog de Pepe




ÉL Y SUS MIEDOS

Los de él solían ser gigantes, oscuros, pesados, inverosímiles, funestos, impredecibles en sus consecuencias. Buscaba armarse de valor, enfrentarlos, resguardarse tras alguna cábala, pero nunca lograba ganarles la batalla.

Aparecían cuando algo inesperado amenazaba con romper el capullo de protección que se había construido con rutina y previsibilidad, pero la vida es más que acomodaticia planificación del resguardo y tarde o temprano ellos se dejaban ver.

Se daba cuanta que su mente, más allá de los razonamientos lógicos que quisiera esgrimir en un primer momento, llegaba a intentar justificarse con excusas indignas. Recurría a la mentira, a la postergación, a la autocomplacencia, al desprecio, a la simulación, a la hipocresía… a cualquier cosa en la que refugiarse con tal de no enfrentar el monstruo de los miedos que devastaba su vida.

Llegó a creer que sólo él padecía aquellos tormentos a la hora de salir a la calle, de tener que tomar decisiones, de disponerse a viajar o a atravesar situaciones inusuales. Sentía pánico frente a los lugares abiertos, a las alturas, a las aglomeraciones, a la velocidad, al agua profunda, a las tormentas, a quedarse solo, a cruzar un puente, a las entrevistas, a sufrir un robo, un ataque al corazón, una situación violenta, nada sentía seguro a su alrededor, nada más allá de aquel pozo que crecía en su interior y que amenazaba con tragarlo.

Un buen día pensó que quizás escribir le ayudaría a poner frente a sí todo lo que le atemorizaba y que eso ayudaría a exorcizar sus demonios. Sin demasiada convicción se lanzó ante el desafío de una hoja en blanco y sin comprender bien por qué, lo primero que nació fue una trama de terror muy bien estructurada escrita de un tirón, y que al releerla, satisfizo con creces sus expectativas literarias. La prueba de fuego fue dársela a leer a otros, logrando vencer sus pudores de escritor novato. Las respuestas fueron elogiosas y muy positivas. Eso lo alentó para seguir explorando y una tras otra fueron surgiendo originales historias en donde el misterio y el suspenso eran los principales protagonistas. Comprendió que por tanto tiempo padeciéndolo, había llegado a ser un experto en el tema de los miedos, reconociendo los detalles que brotan en quien se reconoce vulnerable y no encuentra cómo vencer lo que entiende como indestructible.

Hoy no puede decir que los ha vencido completamente, pero de alguna manera se han vuelto socios. Ha hallado la forma de distraerse frente a ellos cuando se presentan, buscando argumentos ingeniosos para hacerles frente dentro y fuera de sus propias novelas.

jueves, 13 de julio de 2017

ESTE JUEVES, ESTADO DE CONCIENCIA

De la mano de Alfredo e inspirada a su vez en las imágenes de Gaby Herbstein que nos propone, mis musas me han llevado a elaborar este texto que nada tiene de sueño autobiográfico y todo de fantasía literaria. 





«Tranquilo, tengo en mis manos tus sueños de esta noche y te aseguro que son inspiradores y reconfortantes. ¡Por fin algo me distancia de la muerte!
Te cuento...»

La trama onírica se inicia dentro de un cielo de nubes iridiscentes. Una brisa ligera va despejando poco a poco los sutiles nubarrones que mantienen fuera de mi vista algo que tardo en comprender. A medida que intento visualizar los detalles de aquello que resulta ser una multitud de pájaros negros golpeteándose entre sí sin causa aparente, tomo conciencia de que dentro de ese firmamento de irrealidad, apenas estoy sujeta por unas cuantas cuerdas a punto de deshilacharse por completo. A pesar de ello, no me asusto ni me preocupo. Intuyo que en ese mundo de levedades las consecuencias de una caída como la que supongo va a producirse no deben de ser muy graves y dispuesta a disfrutar lo que se anuncia como una muy interesante experiencia, agudizo todos mis sentidos para no perderme detalle. La inminente sensación de vértigo me resulta tan placentera como divertida y la certeza de saber que estoy próxima a caer me despierta mariposas en el vientre de las que ya adivino sus colores. La última hilacha de las cuerdas se desliza entre mis dedos con suma delicadeza en el justo momento en el que las nubes rosadas se disipan totalmente dejándome ver con nitidez el paisaje paradisíaco hacia el que la gravedad me conduce.

Como sospechaba, la caída se asemeja más a un regocijante vuelo voluntario que a una indeseable precipitación hacia la nada. Me dejo llevar sin oposición mientras el aire se entretiene ensortijándome los cabellos y desenrollándome el ropaje, que a estas alturas resulta ser una especie de túnica muy ligera y transparente. Mientras me deslizo hacia abajo disfrutando el vértigo sin complejos ni preocupaciones, noto que aquellos pájaros negros del inicio me acompañan desde lejos, ya sin apretujarse ni golpeándose como lo hacían antes. Parecería que la serenidad de mi propio vuelo los ha hecho concentrarse otra vez en lo que sin dudas dominan: un armónico arte alado que ahora despliegan a mi alrededor buscando mantener la sincronía con mis propios movimientos. La gracia de su aleteo me anima a imitarlos. Extiendo mis brazos pretendiendo convertirlos en alas. Por un momento logramos alcanzar la armonía máxima. Fuimos UNO sólo, en plenitud y libertad.

Mientras el sol se va ocultando en ese cielo infinito de difusos horizontes, veo que llega la hora de tocar suelo y retomar otro nivel de realidad. Mis pies se hunden en la hierba fresca mientras los pájaros negros vuelven a ese fragor de aleteos que mostraban al comienzo, ahora apenas por encima de mi cabeza. De repente las alas se disuelven pasando a ser frondosa cabellera de alguien que se yergue ahora a mi costado, que me observa y me mira y sin dudas me comprende y con sonrisa cómplice espera compartir desde esa noche y para siempre todos mis vuelos. 

Para leer más narraciones de los jueveros participantes, pasar por La Plaza del Diamante

jueves, 6 de julio de 2017

ESTE JUEVES UN RELATO, DE JUEGOS Y JUGUETES

Esta semana la inspiración se tornó medio tristona. Me disculpo. Tal vez sea a causa de la lluvia, aunque sospecho que más bien se debe a la acumulación de calendarios sobre mis hombros...

Para leer más textos jueveros, pasar por el blog de Molí 




ENTRE JUEGOS Y JUGUETES

A veces siento ganas de cerrar los ojos, dejarme llevar hacia atrás en el tiempo y ponerme a jugar sin culpas ni remordimientos. Llegan de inmediato imágenes, detalles, voces, fragancias… pequeños tesoros de los que logro asirme apenas por una delgada hilacha de memoria evocando tardes y mañanas en las que mi infancia era presente y mi mayor preocupación era decidirme por qué juego optar para pasar las horas.

Los distintos rincones de mi casa eran el escenario perfecto para construir un barco, una carpa, una escuela, una tienda, una selva, una montaña o un castillo de fantasía en donde habitar con mis muñecas o divertirme junto con mi hermano sin pausa ni prisas. La imaginación se soltaba y me izaba como un barrilete por ese cielo inocente de colores impensados y horizontes extensibles. Sé que por ese entonces también sentía miedos y complejos e inseguridades múltiples, pero vistos a la distancia hoy se disipa la cuota de imperfecciones que por ese tiempo me habitaba y filtradas por el recuerdo, las cosas siempre me parecen más idílicas. Saberlo no le quita encanto a la evocación y la melancolía de aquellos juegos alivia en gran parte las tristezas hoy provocadas por tantos vacíos impuestos. Las ausencias duelen y dejarme llevar por la ilusión calma en parte la opresión que me da la certeza de saber que todo tiene un término, un final que nos da sentido a lo vivido… aunque cuesta terriblemente aceptarlo.

Me brota entonces un ataque cruel de realidad y pienso que no puede ser que nada quede ya de aquella que fui. No puede ser cierto que se esfumó todo lo que fue mi infancia. ¿Quedará hoy algún vestigio de alguno de mis viejos juguetes? ¿Alguien conservará alguno de los que di, como feliz recuerdo? Supongo que no. Sólo trozos descartados en algún basural bajo toneladas de rastros añejos de un mundo que pasó y pocos, quizás, aún evocan con cariño. 

jueves, 29 de junio de 2017

ESTE JUEVES, ELIGE UNA FOTO

Esta semana Charo nos propone inspirarnos en una de las fotos que su hijo fue tomando durante una visita a Dublin. Mis musas decidieron aportar hoy bastante irreverentes con algo que se parece a un cuento para niños. Espero sean tolerantes con el dislate jeje 




LA APERTURA DE LOS BUZONES VERDES (un delirio para ser contado a los más chicos)

Érase una ciudad gris, con cielo gris y piedras grises. En ella habitaban personas moderadas, medidas, modosas, siempre correctas. Así como no se permitía ninguna disonancia ni estridencias visuales tampoco se toleraban gritos, bocinazos, peleas ni risas ostentosas. Se vivía en armonía, eso sí, sin que a nadie le faltara nada para vivir dignamente, aunque sin lujos ni demasiada exposición. La cuota de distensión y desborde que se permitía entre aquellos ciudadanos uniformes se canalizaba exclusivamente a través de unos buzones verdes ubicados estratégicamente en cada esquina. En ellos la gente depositaba los sobres en donde anotaba cosas bien alocadas, secretos para nunca ser revelados, temores inconfesables y sueños extravagantes, volcados allí para ser conservados en clandestinidad, como elementos mal vistos dentro de una sociedad tan homogénea y  monocroma.

Si bien la situación de equilibrio y concordancia resultaba ser el status quo en que los adultos aceptaban y decidieron vivir, para los más jóvenes la vida se iba poniendo cada vez más insostenible, aburrida y abrumadora. Por lo que, un día tan gris y normal como tantos otros, sin aviso ni señal por la que hubiese podido ser advertido, se organizó un acto revolucionario impensado e inaudito que logró poder en jaque toda la monotonía establecida: de improviso y coordinadamente se abrieron  uno a uno todos los buzones en los que la gente depositaba a modo de catarsis sus chifladuras, liberándose en forma caótica y desbordada todo lo que hasta entonces había estado encerrado, aprisionado y contenido en los consabidos contenedores verdes.

De repente el cielo se llenó de azules impensados y pájaros chillones haciendo figuras cómicas con amasijos de nubes. Los árboles de divertían compitiendo por sus verdes mientras que los sorprendidos ciudadanos perdían su usual compostura comprobando que de algunos follajes brotaban frutas rojas y lustrosas y de otros, flores amarillas y perfumadas, todo sin orden ni regla estratégica que los mantuviera coordinados y prolijos. Las casas no quisieron ser menos y se animaron a llenarse de lunares, rayas, curvas y hasta de sapitos. Los autos comenzaron a ir por la vereda y los perros se negaron a pasearse con correa husmeando religiosamente cada arbolito. Los colores estallaron pintarrajeando todo aquí y allá, incluso lo que se movía. Las carcajadas comenzaron a brotar sin razón y contagiaron en forma incontrolable hasta los señorones más conservadores.  Hubo serpentinas entre los peinados de las señoras, zapatos con luces, silbidos agudos  haciendo que la gente se tapara sus oídos. Todo fue irreverencia a partir de ese momento en la otrora ciudad gris, mientras las locuras escapadas de aquellos buzones verdes alcanzaban por fin la estratosfera y se apelmazaban unas con otras para conformar el sol rojo e incandescente que aún reina en ese cielo desde entonces.


Para leer más aportes jueveros, pasar por el blog de Charo

jueves, 22 de junio de 2017

ESTE JUEVES, TENTACIONES

Me sumo a la convocatoria de esta semana con un texto re editado (esta vez mis musas se han hecho desear!) Para leer más aportes jueveros, pasar por el blog de Leonor.




TENTACIONES (Título original, SALTANDO LAS NORMAS)

Comprendía muy bien  que, para que la sociedad funcione, debe haber un acuerdo tácito entre sus integrantes, estableciendo desde el vamos lo que se acepta y lo que no, lo que se reconoce como correcto y lo que en cambio resulta inapropiado e inconveniente. Y es que los excesos suelen ser mortíferos…

Ubicarse entre los cánones de lo medido y predecible, siempre le inspiró una gran confianza, le representó una sólida fortaleza en donde guarecerse frente a la tempestad de los imprevistos, frente a las consecuencias fatales que surgen del descontrol y del desequilibrio. Esa certeza de saber que dentro de su mundo ordenado dos más dos siempre serían cuatro -sin excepciones- determinaba que pudiera sentir sólido el piso bajo sus pies y acertada la manera de comportarse. Si cada una de sus actividades se sucedía una y otra vez de la misma manera y sin alteraciones, con probada medida y recatado tono, no le resultaba para nada tedioso o rutinario, por el contrario, sentía que ello le otorgaba solidez a su conducta y a su personalidad.

Pero también sabía que fuera de lo formal y mesurado existía otro mundo. Sin restricciones, sin estereotipos, sin presupuestos, sin prejuicios, sin apariencias que sostener.

En peligrosa cercanía con la lujuria existía otro modo de hacer, mucho más libre y desvergonzado, más excitante y salvaje, más desenfrenado y banal. Y esa existencia -pese a la inconsistencia de lo que se sabe vacuo y prosaico – muy de vez en cuando lograba trastocarle la inalterabilidad de sus esquemas.

Aunque quisiera negarlo, esa irreverencia hacia lo austero y escrupuloso lograba atraerlo. Pese a conocer en detalle las nefastas consecuencias de dejarse llevar por el arrebato, por el libertinaje, por la imprudencia de no pensar… la gran tentación terminó por doblegarlo.  

Fue así que una noche, luego de largas dubitaciones y de dramáticos cuestionamientos hacia su falta de carácter, se determinó a probar algo impensado. Algo lindante con lo obsceno y lo prohibido.  Algo que se escapaba de todas las normas aprendidas que habitualmente sostenían su estatus, su categoría de hombre de bien y de impecable proceder.

Como  era de esperar, para explorar ese territorio de libertarias experiencias, optó por salirse del círculo que solía frecuentar: no quiso que hubiera testigos conocidos para semejante osadía y procuró mediante cuidadosas estrategias borrar huellas y pasar –en la medida de lo posible- totalmente desapercibido.

Sabiendo que atravesaba un momentáneo período de fragilidad emotiva, intentó prepararse para no salir lastimado con las posibles consecuencias que tanto temía. El daño provocado por una ingrata frustración puede llegar a ser muy grande, como grande también puede ser el descontrol posterior que sobrevenga en consecuencia.

Sin más dilaciones y con indisimulables temblores asomando tanto en sus manos como en su mirada, aquel atildado y formal hombrecito de inquebrantables convicciones e inalterables costumbres, avanzando entre los parroquianos de un maloliente  bodegón portuario, se instalaba como podía entre los sudores de quienes le rodeaban, y simulando costumbre y suficiencia, alzando la voz para ser escuchado en medio de la turba, ordenaba al desgarbado dependiente: -¡Una buseca, por favor, con medio litro de tinto de la casa!- 

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